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Translations:Benutzer:Arian/Klett-Mini-Test/1278/es
en las plantas preparadas se presenta como una capacidad específica en cada caso. Belebung —vivificación— significa aquí que las sustancias físico-terrestres son elevadas hacia la vida fluyente de la planta y, al hacerlo, se ven enajenadas de sus propiedades físicas. El potasio, por ejemplo, que desde el punto de vista físico posee propiedades nítidamente delimitadas, revela ahora una fuerza que se vuelve visible y operante a través del «superior» obrar viviente de la planta, una fuerza que lo «inferior» no puede hacer surgir de sí mismo. Cuando el potasio deviene de este modo un proceso viviente, aparecen otras propiedades, como por ejemplo el mantenimiento de la presión de los fluidos (turgor), la estabilización de los tejidos, o bien, en el caso del calcio, las nuevas propiedades de la multiplicación y extensión celular, del crecimiento de la raíz y de la construcción de tejidos. Esta liberación de las sustancias de su atadura a las propiedades meramente físicas avanza en la medida en que la organización vital suprasensible de la planta se hace sensible en la forma exterior, es decir, en la misma medida en que se extingue en ella. En el dominio de la raíz, las propiedades salinas siguen siendo dominantes. Se van perdiendo en los procesos de crecimiento de las hojas que verdean y, progresivamente, en la sucesión foliar de abajo hacia la flor. Este proceso oculto, que se desarrolla en principio en el dominio de lo Acuoso, se expresa ascendiendo en los ámbitos de acción del aire y el calor: en la creciente conformación de las hojas, en la elaboración de la flor y, sustancialmente, en la formación de proteínas, aromas y sustancias odoríferas de alta complejidad. Las propiedades, pues, que las sustancias han adoptado en el dominio del crecimiento vegetativo de las hojas, se pierden de nuevo en la dirección de la formación de la flor. En la flor sale a la luz la imagen primordial de la planta. En ella, en el dominio de la acción calorífica, la enajenación de la sustancia respecto a sus propiedades físicas —y con ello el grado de su apertura hacia las fuerzas formadoras de la organización vital de la planta— alcanza su punto culminante. La signatura exterior de este acontecer es la flor que irradia, el polen que se pulveriza y las fragancias que se difunden. En el camino de la vivificación y el refinamiento graduales, el proceso sustancial terrestre se abre en la flor a las acciones de la periferia cósmica. Esto puede revelarse a la contemplación intuitiva cuando uno se adentra en la gesta de la flor que se eleva sin resistencia hacia el cosmos. Este refinamiento de los jugos[1] —puede hablarse también, en el sentido de Goethe, de una depuración ascendente de la savia terrestre, de la corriente ascendente de sales y agua del *xilema*— o bien esta enajenación de la corriente sustancial
- ↑ Johann Wolfgang von Goethe: Die Metamorphose der Pflanze, Stuttgart 1985, S. 39.






