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Desde los tiempos de la cultura persa primigenia se han diferenciado de los pueblos agricultores dos subcorrientes: los horticultores y los fruticultures. Los primeros criaban y cultivaban plantas hortícolas y plantaban hierbas medicinales así como flores. El saber y el hacer artesanal vivía ligado a la tribu y a la familia, transmitiéndose en la corriente hereditaria. Así, hasta entrado los años sesenta y setenta del siglo pasado existían todavía en Teherán los llamados zarathústristas, que continuaban esta tradición que se remontaba hasta épocas prehistóricas. Los fruticultures entendían de la cría, el cultivo y el cuidado de los árboles frutales. Columela († hacia 70 d. C.) da cuenta del arte de la poda de los árboles frutales, que en la antigua Roma se transmitía todavía en la corriente generacional.[1] Estas cuatro corrientes del cultivo de la tierra (incluyendo la fruticultura y la horticultura) existían una junto a otra o en asentamientos aldeanos en una relación laxa entre sí, sin penetrarse mutuamente en un todo orgánico mediante un fomento recíproco. Así, por ejemplo, los hindúes en la India, en parte hasta hoy, no utilizan el estiércol de los animales como abono en la agricultura o en la horticultura, sino como combustible.
- ↑ Will Richter (Hrsg.): Lucius Iunius Moderatus Columella: De res rustica, 5. Buch. 10. Kapitel: Über den Obstbau, S. 605–630, München und Zürich 1981.






