Eine freie Initiative von Menschen bei mit online Lesekreisen, Übungsgruppen, Vorträgen ... |
| Use Google Translate for a raw translation of our pages into more than 100 languages. Please note that some mistranslations can occur due to machine translation. |
Translations:Benutzer:Arian/Klett-Mini-Test/324/es
Esta oposición se hace visible con respecto al principio del organismo ya desde el comienzo mismo del siglo XV. Por un lado vemos cómo españoles y portugueses, a partir de las Islas Canarias, conocidas de tiempo atrás, trazan con sus grandes veleros cada vez mayores círculos osados hacia el Atlántico, y cómo fueron los portugueses quienes en 1425 descubrieron entre ellos la isla de Madeira. Estaba deshabitada y portaba un manto rico en especies de bosques vírgenes, un «organismo en el crecimiento natural» crecido desde tiempos inmemoriales. Poco después, entre 1426 y 1428, los primeros colonos campesinos de Portugal arrasaron con el fuego el biotopo natural único de la isla, trajeron a los indígenas de las Islas Canarias, los guanches, los redujeron a la esclavitud, los obligaron a tender una red de canales de riego y a cultivar caña de azúcar en monocultivo por toda la isla, que, transformada en azúcar de caña, encontraba como producto de exportación bienvenida salida en el continente y sobre todo en Inglaterra.[1] Aquí, como en una célula germinal, se cumple de modo sintomático lo que en los siglos siguientes habría de conducir, a gran escala, en el Nuevo Mundo a la apropiación de tierras, a las talas masivas, al monocultivo, la esclavización, el comercio de esclavos y los mercados de exportación de alimentos: una forma temprana de un industrialismo agrario y, en su decadencia, una repetición de corrientes de desarrollo precristianas, fundadas culturalmente.
- ↑ Alfred W. Crosby: Die Früchte des weißen Mannes – Ökologischer Imperialismus 900–1900, Frankfurt, New York 1991, 280 S.






