Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/1074/es

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Lo que surge, pues, de la actividad

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digestiva de los animales recibe su fuerza fertilizante a través de la articulación particular del ser anímico. Respecto de las plantas se dijo: «Lo vivo fertiliza lo vivo»; así también vale más allá para los animales: «Lo anímico fertiliza lo anímico.» Este estado de cosas fue tratado con amplitud en el capítulo «La organización anímica o el cuerpo astral del organismo agrícola» (pág. 111 ss.). La naturaleza anímica de los rumiantes, y aquí en particular la del bovino, es la que alcanza la más alta fuerza fertilizante en el nivel del puro obrar de la naturaleza (véase cap. «El bovino»). Entender la fuerza fertilizante como efecto acumulado de determinados llamados nutrientes es fruto de una teoría que ya no se cuestiona. Buscar, en cambio, el valor fertilizante —como se ha subrayado en repetidas ocasiones— en el «compositor» (la cabra, la oveja o el bovino), cuya índole esencial hace que las sustancias se ordenen precisamente en esta y no en ninguna otra disposición, rompe las barreras del materialismo y libera la mirada para preguntas que se dirigen a la realidad de la vida, el alma y el espíritu. Si se sigue este camino, se comprueba que el valor fertilizante es tanto más alto cuanto más conforme a su naturaleza esencial se mantenga, se alimente, se cuide y se cría a los animales. Todo ello pone en marcha, desde el ser de los animales domésticos, fuerzas que fertilizan. La finca agrícola configurada como organismo cumple estas condiciones.