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Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/1191/es
Al introducir los preparados para el abono, Rudolf Steiner señala el hecho de que la agricultura practica necesariamente el «Raubbau» («expolio del suelo»). Con el flujo de mercancías de la producción primaria que abandona la explotación, el polo cefálico y el polo metabólico de la individualidad agrícola se empobrecen en sustancias y fuerzas.[1] La tarea del abonado consiste aquí, en primer lugar, en crear un equilibrio. En lo que respecta a las sustancias y fuerzas, esto lo logran los abonos de primer grado provenientes de la naturaleza viva de las plantas, y los de segundo grado provenientes de la naturaleza animada de los animales. Para aquellas sustancias y fuerzas que vivifican la tierra en sentido superior y que el ser humano necesita como alimento en el curso de su desarrollo espiritual-anímico, han de volverse activas fuerzas del cosmos para las cuales la tierra debe ser primero receptiva. Para ello se necesitan nuevas composiciones de sustancias que no existen en la naturaleza, capaces de vivificar el ser inerte de la materia y de abrirla de nuevo a su origen espiritual. «La materia» —así el resultado de la investigación espiritual de Rudolf Steiner— «está construida en el sentido en que el Cristo la ha ido ordenando poco a poco.»[2] Este ordenamiento de la materia, rigurosamente regido por leyes, lo encontramos como resultado de la evolución. Es objeto por excelencia de la química en las ciencias naturales. En el tercer grado del abonado se trata, pues, de crear composiciones de sustancias y fuerzas que tomen de la obra devenida de los reinos de la naturaleza determinados frutos evolutivos y los pongan en nuevas relaciones entre sí. Para ello señala el camino la ciencia espiritual antroposófica, un camino en el que queda en libertad del ser humano enlazar con el obrar crístico evolutivo. En ello puede verse el sentido y la significación de los preparados biodinámicos. El esqueleto metodológico fundamental de su modo de elaboración se deriva de la tricotomía del ser humano —cuerpo, alma y espíritu— y, mirado hacia la naturaleza, de los «Tria Principia» de Paracelso: Sal, Mercur y Sulfur, el modo de contemplación de los alquimistas medievales que se enlaza con el antiguo saber de los Misterios. Esta trinidad en la unidad aparece en la época moderna entre los rosacruces, filosóficamente en Hegel como «tesis, antítesis y síntesis» y en la concepción de la naturaleza de Goethe






