Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/1196/es

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de autonomía. En la medida en que aspira a ello, para lo cual está predestinado, sale paso a paso de su atadura al cuerpo y, al mismo tiempo, de la atadura sensorial al ser natural. Se eleva sobre la naturaleza y a la vez enraíza en ella. ¿No debe sentirse entonces llamado a regalarle al ser natural de la tierra algo que esta no puede tener por sí misma, de lo que tendría que carecer eternamente? Ciertamente, toda forma de dedicación sostenida por el amor es aquí necesaria. Pero ¿puede esta limitarse únicamente a la mera protección, a la conservación de lo existente, o debe ser implantado en la tierra hecha obra y con ella en el cosmos un nuevo principio evolutivo —en el sentido de una «creación desde la nada» que no es causada por ninguna necesidad exterior, sino que brota como acto libre de lo espiritual-anímico del ser humano?[1] En respuesta a esta pregunta, cabe suponer, Rudolf Steiner concibió los preparados biodinámicos desde el conocimiento de la corriente de los tiempos que viene del futuro —como una especie de «abono» para la corriente de los tiempos que viene del pasado y que se ha convertido en la obra de arte de la creación. Puede parecer esto pensado con demasiada grandeza. Pero quien cultiva en conocimiento del corazón el trato práctico con los preparados puede ganar, en un sentir más profundo, una seguridad de juicio de que su manejo marca un primerísimo comienzo en la dirección apuntada. Su modo de elaboración sigue estrictamente el principio de la trinidad —mas de una manera nueva; no se articula conforme a la unidad primordial dada, sino que se construye a partir de los productos de líneas evolutivas pasadas. Estos productos —lo físico-mineral (sílice) de la tierra, lo viviente del reino vegetal (flores) y lo animado del reino animal (órganos)— forman los polos de una polaridad que no está dada por la naturaleza. Lo que relaciona entre sí estos productos finales de la evolución, haciendo surgir así una nueva polaridad, y lo que los eleva a síntesis de una nueva trinidad, es la voluntad guiada por ideas del ser humano. Idea y voluntad son formadores de un nuevo centro (véase figuras 23, 24, 25), de nuevas composiciones de sustancias que son portadoras de fuerzas de naturaleza física, etérico-viviente, astral-animada y espiritual. Por el camino de la investigación espiritual, un bien de sabiduría —ideas— ha sido depositado en los corazones y las manos de los seres humanos, que en su transformación pueden proseguir libremente la «obra» del ordenamiento de la materia por el «Cristo». Las nuevas composiciones de sustancias de los preparados son invenciones de la investigación espiritual surgidas desde la supranaturaleza, tal como la síntesis del amoníaco es un resultado de la investigación de la

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  1. Rudolf Steiner: Geisteswissenschaftliche Menschenkunde, GA 107, Dornach 1988, Vortrag «Evolution, Involution und Schöpfung aus dem Nichts», 17. Juni 1909.