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Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/1204/es
En sus procesos orgánicos, la organización vital de la planta mantiene en flujo la sustancia inanimada tomada del entorno: «Lo inanimado se transforma en lo viviente.»[1] Pero esto muere en la forma de los órganos vegetales, p. ej. de la hoja, de la flor. Se plantea la pregunta de si la corriente de sustancia que ha sido mantenida en flujo hasta la flor —pero que allí ha llegado a su término, abierta al cosmos— puede ser preservada, incluso vivificada de nuevo en un nivel superior. Cabe suponer que esta fue la pregunta de partida de Rudolf Steiner en su búsqueda de sustancias abonantes que puedan «vivificar por sí mismas lo terroso, lo sólido». La respuesta desde la investigación espiritual sólo podía ser: elevar la corriente de sustancia terrestre vivificada por la planta a una esfera propia de la naturaleza superior del animal. Pues en el animal la sustancia viviente permanece en flujo a través de su organización astral, que inserta los órganos dentro del fluir vivo.[2]






