Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/1241/es

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El proceso de dinamización dura una hora. ¿Es esta medida de tiempo elegida arbitrariamente —para asegurarse, por ejemplo, de que la acción del preparado se ha unido al agua— o dónde reside el sentido? La respuesta no puede buscarse en el acontecer natural, sino en los ritmos cósmicos que son esencialmente activos en el ser humano y han conservado en él su origen. Macrocósmicamente es el ritmo día-noche de 24 horas. En este ritmo Tierra-Sol vive el Yo, el espíritu-alma del ser humano, en los estados del dormir y el despertar. A través de la organización del Yo del sistema neurosensorial, del sistema rítmico y del sistema metabólico-motor, este individualiza los ritmos macrocósmicos y los imprime en el cuerpo físico, por ejemplo como los ritmos de la respiración y del pulso cardíaco. Las longitudes de onda de estos ritmos se mueven en el ámbito de los segundos y los minutos. En los procesos neurosensoriales las frecuencias se acortan a fracciones de segundo, mientras que en su polo opuesto —las actividades del metabolismo— se amplían hasta la medida temporal de la hora o las horas.[1] En el polo metabólico-motor vive la voluntad, cuya activación y desactivación se cumple en el ámbito de la hora —de ahí, por ejemplo, la «hora de clase»—. Esto, junto con la propia experiencia, autoriza la certeza de que la medida temporal del dinamizar durante una hora se relaciona con el ritmo de la voluntad del ser humano metabólico-motor. Y es precisamente él quien pone en marcha y mantiene el proceso de dinamización.

  1. Bernd Roßlenbroich: Die rhythmische Organisation des Menschen: Aus der chrono-biologischen Forschung, Stuttgart 1994, 163 S.