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Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/1422/es
pronunciada, para todas
las plantas con flor. El cuerpo astral de la planta, que la irradia desde el mundo suprasensible hacia el exterior, configura, mediante una especie de acción interior, las fuerzas etéricas en constante movimiento, transformándolas en fuerzas formativas. De acuerdo con la imagen esencial de la planta, estas frenan o retienen los procesos vitales, o bien los activan hacia un crecimiento vigoroso. En el cereal, por ejemplo, el tallo crece de una retención del crecimiento, el nudo, hasta la siguiente. Desde esta zona de retención se desarrolla, por un impulso de movimiento, el siguiente entrenudo (internodium) y la hoja correspondiente, que envuelve el tallo hasta el siguiente nudo como vaina foliar. A esta acción interior que se extingue rápidamente en la forma se opone polármente una acción astral exterior. Esta se manifiesta en el elemento del aire, que es puesto en movimiento por el calor. El componente principal del aire es el nitrógeno mineral-muerto (79%), el portador físico de la acción de las fuerzas astrales. Puede decirse que en cada soplo de aire que acaricia las hojas, en cada ráfaga de viento que las hace oscilar de un lado a otro, que hace balancear ramas y ramas, o que hace fluir un campo de centeno en «ondas de plata que se mecen»[1] — en todo ello actúa un impulso de movimiento: expresión de una acción astral exterior.
- ↑ Johann Wolfgang von Goethe: Faust II, Vers 4656.






