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Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/1519/es
La flor individual es discreta y hace valer plenamente su coloración rosado pálido sólo en el conjunto de la inflorescencia como totalidad. Mientras las flores florecen en el nivel superior de la cima, se marchitan en los inferiores y pasan al estadio de semillas. Esto explica el llamativamente largo período de floración. La flor muestra, con sus cinco pétalos —de tamaño desigual y soldados en la base formando un tubo— y sus tres anteras, una fuerte asimetría. Hoerner[1] la interpreta como «ein Zeichen einer sehr starken Individualisierung, verursacht durch ein tief in die Pflanze eingreifendes Astralisches» (un signo de una muy fuerte individualización, causada por un elemento astral que penetra profundamente en la planta). Este señalamiento se ve apoyado también por el hecho de que el tallo, o el principio vertical, domina la configuración morfológica de la valeriana —un rasgo indicativo de que la imagen primordial espiritual de esta planta, su ser mismo, se sensorializa en el eje vertical Tierra-Sol. Este hecho atestigua además la fuerte relación de la valeriana con la luz e igualmente con el calor, patente en el alto contenido de sustancias combustibles. El calor es el elemento primordial y el portador esencial en todo ser y devenir.[2]






