Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/183/es

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manos. Benito de Nursia (480–547 d.C.) fue el representante de este desarrollo. Su biografía presenta a este respecto rasgos sintomáticos: primero huyó durante sus años de estudio de su entorno moralmente degradado en Roma hacia una existencia de ermitaño, hacia una cueva en los montes Sabinos. Allí, en tres años de solitaria ascesis, incorporó en severo ejercicio del alma el impulso del Cristo a su Yo que reposa en la voluntad. Con este Yo-voluntad penetrado de Cristo salió entonces al mundo, se convirtió en reformador del monacato, fundó en 529 el monasterio y la orden de los benedictinos en el Monte Cassino —durante su vida le siguieron doce establecimientos más. Fue llamado más tarde, por sus logros en la creación de cultura, el «Padre de Europa». A él se remonta, entre otras cosas como regla monástica, el principio del «ora et labora», del rezar y del trabajar, el lema al que en adelante el monacato rindió tributo a lo largo de toda la Edad Media y que lo elevó a sus altas creaciones culturales. El «trabajar» de Benito de Nursia, nacido de las más íntimas profundidades del alma y vinculado a reglas estrictas, se refería a la reelaboración de la tierra. Así como el Yo penetra al ser humano entero y es capaz de reelaborarlo hacia un desarrollo superior, Benito reunió todo el herencia cultural agrícola de la humanidad de aquel tiempo, lo reelaboró en una integridad superior y creó —en metamorfosis del «organismo en el crecimiento natural» que caracterizó a las épocas culturales precristianas— la disposición para el surgimiento del organismo de cultivo agrícola. En este comenzó el alma humana penetrada de Cristo a forjarse una imagen refleja en un trabajo inspirado por el Yo y querido por el Yo. En la fuerza de acción vuelta hacia el mundo, transformadora de lo pasado en lo futuro, de Benito de Nursia encontramos un representante sobresaliente del cristianismo exotérico creador de formas de vida externas. Esta corriente cristiano-exotérica avanzó desde el sur sobre los Alpes hacia la región del lago de Constanza (Coira se convirtió en sede episcopal en el siglo V) y encontró allí, a comienzos del siglo VII, la corriente del cristianismo esotérico que, veniendo de Occidente, de Irlanda, traía el cristianismo cósmico vivido puramente en el espíritu. Este se convirtió en alimento espiritual para el despertar del Yo de los seres humanos. El representante de esta corriente es Columbano el Joven (hacia 530–615 d.C.). La leyenda narra que cuando este, remontando el Rin, puso pie en el año 610 en la isla de Reichenau en el lago de Constanza, su primer acto fue desterrar toda la cría de serpientes en figura de jabalíes de la isla, de suerte que estas perecieron miserablemente ahogadas en el lago. En esta imagen se oculta el profundo cambio que se había operado. Se puede

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