Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/226/es

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¿Qué desarrollo tomó entonces la agricultura sobre el trasfondo de este acontecer histórico? Su fundamento, el principio del organismo, se mantuvo. Pero, sin una fuerza impulsora espiritual que siguiera actuando, se convirtió en tradición: los paisajes culturales surgidos del trabajo campesino tuvieron que ser conservados con tanto esfuerzo a lo largo de los siglos como las construcciones de las iglesias románicas y las catedrales góticas, que en su tiempo formaban una unidad con ellos. Primero, a cuentagotas, individuos valientes hicieron su hatillo y emigraron a las ciudades en auge. Pero luego, desde el siglo XVII, siguieron en oleadas migratorias la llamada de que «el aire de la ciudad te hace libre». Aceptaron la pérdida de la seguridad y la paz de la aldea; aspiraban a salir de la estrechez y la falta de libertad de la vida ligada a la naturaleza y buscaban, en la inseguridad existencial, la libre autodeterminación en profesiones emergentes. De manera ejemplar y conmovedora, describe este solitario camino hacia lo incierto el que más tarde sería oftalmólogo y poeta, Jung-Stilling (1740-1812),[1] a quien Goethe ayudó a salir de más de una penuria existencial con su decidida intervención. Cada vez más, las ciudades absorbieron a la gente del campo; floreció la vida académica, las ciencias naturales y, con ellas, la aplicación técnica de las leyes descubiertas de la naturaleza inorgánica. Frente a la orientación plenamente humana y universal del trabajo en la agricultura, las personas se sumergieron ahora en el mundo de la división del trabajo de la industria. Ellos, que aún estaban completamente arraigados en la conciencia popular, se vieron desafiados en su inseguridad existencial a tomar conciencia individual de sí mismos. El campesino se convirtió en el hombre moderno y emancipado; el proletario. Este no podía obtener del proceso de división del trabajo nada más que su salario: la educación humanista de su tiempo no podía darle respuesta a sus preguntas vitales, como tampoco las ciencias naturales, que, a la pregunta sobre su condición humana, lo hacían descender del mono. Con el avance de la Edad Moderna, el campesinado se sume en una tradición ligada a la herencia, de la que ya no surgen impulsos de renovación. Esta tragedia marca el curso del desarrollo en los siglos XIX y XX. Ya la siembra estival del barbecho con trébol en el siglo XVIII fue un impulso venido de fuera que encontró resistencia, no en último término debido al hecho de que la

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  1. Johann Heinrich Jung-Stilling: Lebensgeschichte, München 1968.