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Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/760/es
Aunque en verano la cantidad de precipitaciones suele alcanzar un máximo anual debido a las lluvias torrenciales de las tormentas, estas se evaporan en su mayor parte con la misma rapidez o se pierden por escorrentía superficial, según el estado estructural de los suelos. Esto último suele ocurrir en los cultivos de maíz, incluso en laderas de pendiente suave. Si en invierno teníamos saturación de agua y frescor en los suelos, en verano los poros están llenos de aire y calor. Con el inicio de la sequía, se reduce la actividad descomponedora de los microbios en el suelo. En su lugar, la fauna edáfica domina ahora la escena. Si en invierno predominaba procesualmente lo físico, y en primavera lo etérico-vivificado, en verano es el turno de lo anímico-astral. A través de la actividad de los animales del suelo que viven en el aire y el calor, tienen lugar procesos de interiorización, de astralización. Si durante la primavera avanzada los animales del suelo, con su actividad de cavar y remover y con los excrementos que dejaban, participaban esencialmente en la construcción de una sazón de poros gruesos y de su sistema de galerías, su función se va modificando gradualmente del verano hacia el otoño. Ahora encuentran abundante alimento en la sustancia orgánica en descomposición, sobre todo en la capa superficial del suelo penetrada por las raíces, y se encargan de que este «humus nutritivo», al pasar por su tracto digestivo, se transforme en formas de humus estable. Lo que en primavera se había degradado de humus en favor del crecimiento vegetativo de las plantas, se restituye de manera excelente a partir de pleno verano gracias a la actividad formadora de humus de la fauna del suelo (Figura 13, p. 222). Este proceso de formación de humus transcurre polarmente opuesto al de la cristalización durante el invierno y se realiza en la oscuridad de la tierra. En consecuencia, todos los residuos vegetales del ciclo ascendente del año deben ser incorporados al suelo en el ciclo descendente. Esto se logra mediante una labor que mezcla los residuos orgánicos sobre el suelo —como rastrojos, restos de paja y de trilla, malas hierbas— en la capa de sazón. Este «laboreo de mulching» es más profundo que el laboreo de la piel del suelo en primavera, pero idealmente no más de lo que alcanza la capa de sazón preformada desde la primavera (aprox. 8-10 cm). Si esta ha madurado por completo, deja tras la labor una capa finamente desmenuzada que interrumpe el ascenso capilar del agua, protegiendo así de una mayor evaporación, absorbe las lluvias torrenciales y crea un lecho de germinación para el grano caído y las semillas de malas hierbas (Figura 13, p. 222).






