Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/874/es

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forma sensiblemente visible. En estos sus procesos etérico-vivientes de formación, la planta es sana de parte a parte; es portadora de todas las fuerzas sanadoras; por la propia organización de sus fuerzas formativas no puede en rigor enfermar. Lo que modifica su imagen fenoménica como pura imagen de su tipo, la deforma o la destruye del todo, son influencias externas. Hoy se las engloba bajo el impreciso concepto de efectos del entorno. En cuanto estos se deslizan hacia extremos, se pierde la armonía de la relación entre los efectos cósmicos y los terrestres; surgen desequilibrios. Estos pueden darse de manera natural mediante incendios, tormentas, inundaciones y terremotos, o bien, de forma creciente, mediante acciones egoístas del hombre, mediante reivindicaciones de posesión y poder, explotación rigurosa, etc. Las influencias del hombre se manifiestan en el calentamiento de la Tierra, el cambio climático, la contaminación de la Tierra, de los mares y de la estratosfera. El electrosmog envuelve a las plantas por todas partes y las estrangula de los efectos cósmicos. En el cultivo de las plantas cultivadas, esta influencia extrema se ve aún agravada por tecnologías de todo tipo ajenas a la vida, como la fertilización excesiva con sales de nitrógeno sintetizadas del aire, la hidropónica (cultivo en soluciones de sales nutritivas), los pesticidas, los herbicidas, etc. Las plantas están envueltas en sustancias y radiaciones extrañas que debilitan su organización etérica. Esta ya no está en condiciones plenas de construir ni de mantener su organización corporal física de acuerdo con la disposición propia de su especie. La consecuencia fisiológica es que las plantas contienen un exceso de agua — células e intercelulares agrandadas — y de sales disueltas en ella, en mayor cantidad de la que pueden integrar en la construcción de sus tejidos configuradores de forma. Todo esto convoca un amplio espectro de organismos vegetales y animales — bacterias, hongos, ácaros, insectos — que en el seno de la economía de la naturaleza, en el lugar justo y en el momento justo, prestan servicios útiles, pero que, en el lugar equivocado y en el momento equivocado, se multiplican unilateralmente de manera vertiginosa y se convierten en organismos nocivos. Un caso singular dentro de este canon son las virosis. Los virus constituyen una suerte de sub-naturaleza del reino vegetal, como la radiactividad lo es del reino mineral. Los virus no tienen metabolismo propio. Se insertan en el metabolismo de organismos vivos — desde las bacterias hacia arriba — y solo a través de él pueden desarrollarse y multiplicarse. Mientras todo lo viviente se vive manifestándose en ritmos, el virus se comporta de manera arrítmica. Son los virus, sobre todo, los responsables de la degradación varietal cada vez más acelerada en el reino de las plantas cultivadas.