Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/930/es

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En la naturaleza viva, este acontecer procesual ya no puede derivarse únicamente de las propiedades de los elementos sustanciales físicos. Al contrario, los procesos vitales los enajenan en gran medida de su determinabilidad física. La proteína, por ejemplo, se compone de los cinco elementos: carbono, oxígeno, nitrógeno, hidrógeno y azufre. Estos, con sus propiedades, se convierten en portadores de fuerzas de origen cósmico.[1] Estas fuerzas cósmicas fluyen omnipresentes desde el entorno planetario y se configuran, según la naturaleza esencial de una planta o un animal, en un cuerpo etérico o vital. Este es, en su totalidad, creador de procesos. Se convierte en el arquitecto de la organización física, eleva las sustancias físicas de su cautiverio en lo terrenal, las pone al servicio de los procesos vitales y las mantiene en el flujo de la vida hasta que este se extingue en las formas de las estructuras orgánicas. El cuerpo etérico se disuelve entonces en el éter cósmico. En la descomposición bacteriana, la mineralización, los elementos sustanciales terrenales son liberados de las estructuras orgánicas; vuelven a caer en su propia legalidad física.

  1. Rudolf Steiner: Geisteswissenschaftliche Grundlagen zum Gedeihen der Landwirtschaft, GA 327, Vortrag vom 20. Juni 1924, Dornach 1999, S. 64f.