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Translations:Manfred Klett: Von der Agrartechnologie zur Landbaukunst/933/es
¿Qué se revela a este respecto en el animal? El ser, la fuente de toda formación, permanece oculto. No se manifiestan el alma y la fuerza formativa en sí, sino las manifestaciones anímicas y los efectos de fuerza. Un caballo, uncido al arado, se manifiesta anímicamente en sus movimientos, en la obediencia a la presión de las riendas para mantenerse en el surco, y en la forma en que se apoya con fuerza en los arneses al avanzar, etc. Todas las manifestaciones de fuerza tienen, sin duda, su origen en el ser del caballo. Las percibimos en la tensión de los músculos, de las sirgas, en el suelo que se abre, en el deslizamiento de la reja del arado sobre la vertedera hasta la deposición lateral de la tierra. La fuerza que emana del caballo se revela en la polaridad de reposo y movimiento, y ello en simultaneidad. Esto caracteriza el ritmo. El ritmo que el caballo muestra en todos sus movimientos —al paso, al trote y al galope, o en el balanceo ascendente y descendente de la cabeza al tirar de cargas pesadas— brota del ser anímico de este animal. El ritmo crea economía en la aplicación de la fuerza; ahorra fuerza. Uno toma conciencia de todo esto como espectador; el acontecer subyacente, cómo lo anímico se transforma en fuerza y esta en una acción externa, permanece oculto.






