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El purín y el estiércol sólido presentan, en razón de los procesos fisiológicos de los que proceden, cualidades fertilizantes polares. Como se ha expuesto en el ejemplo del bovino (cap. «El bovino», pág. 146 y ss.), el estiércol sólido procede del sistema digestivo, en el cual el alimento extraño al cuerpo, incorporado desde el exterior, es descompuesto escalonadamente —a través del acto de la rumia, la actividad del rumen, de los estómagos glandulares, del intestino delgado y del intestino grueso— y escrutado en el paso a través de las paredes de las mucosas. Desde allí, las sustancias digestivas mineralizadas, despojadas ya de su carácter extraño, pasan a la corriente sanguínea venosa y de ahí al hígado. El orín, en cambio, es una excreción del interior del cuerpo y accede a través de la corriente sanguínea arterial al riñón y, por la vía de la vejiga, al mundo exterior. El riñón escrudriña las propias sustancias del cuerpo y segrega en forma líquida, como orín, las que se han vuelto inservibles. Un componente esencial del orín es la urea, producto de degradación del metabolismo proteico. A esta combinación nitrogenada se adhiere todavía la actividad del cuerpo anímico y del cuerpo etérico del animal. Con el orín llevan hacia fuera las fuerzas de ambos miembros constitutivos, y son estas fuerzas las que fertilizan. Distinto es el caso del estiércol bovino: este se compone de restos no digeribles del forraje, impregnados de las sustancias mucosas desprendidas de los órganos digestivos e impregnado con el resultado del «análisis cósmico-cualitativo» (cf. cap. «Análisis cósmico-cualitativo y disposición del Yo», pág. 156 y ss.). Si las fuerzas fertilizantes del orín emanan de la astralidad lunar del bovino, que actúa desde el pasado, en el estiércol bovino se suman a esas fuerzas las que irradia actualmente el Sol. Son las fuerzas que el bovino, desde su particular relación sensorial con el forraje en la ejecución del «análisis cósmico-cualitativo» —desde la rumia a través del tracto digestivo hasta la función reflectora de los cuernos como «disposición del Yo»—, inocula al abono.








