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del cuerpo astral».[1] El proceso de floración de la milenrama se prolonga, en su empleo como remedio, hacia el reino superior del animal de sangre caliente y hacia el reino del ser humano, y despliega allí, más allá de su campo de manifestación exterior, una acción benéficamente sanadora. A esta relación de la milenrama con algo que existe como realidad anímica y espiritual más allá del umbral de su manifestación llama la atención el investigador espiritual. Pero esto no da todavía respuesta a la pregunta de cómo conservar el proceso de forma y sustancia de la flor en cuanto tal. Para lograrlo, Rudolf Steiner dirige la mirada investigadora hacia el reino animal, que en su mundo de órganos otorga duración al instante mediante fuerza anímica ligada al cuerpo. El organismo animal encierra un mundo interior que en la planta de flor aparece, según la imagen, vuelto hacia fuera. Desde el nivel de lo animal, el investigador espiritual vuelve la mirada hacia la milenrama con la pregunta de qué proceso orgánico puede conservar «lo que en la milenrama está».[2] Este poder lo tiene el «proceso que se desarrolla entre el riñón y la vejiga, y este proceso depende a su vez de la constitución sustancial de la vejiga».[3] Estas condiciones se dan en la vejiga del ciervo macho —es decir, del caza mayor noble con cornamenta—. Se usa por regla general la vejiga del ciervo.








