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El metabolismo de los líquidos concluye en la vejiga. Ella absorbe, concentra y expulsa al mundo exterior lo que el riñón, en su percepción del organismo líquido animado, desaloja del interior como inservible. La actividad del riñón y la vejiga mantiene una relación llamativa con su polo opuesto, la actividad del sistema neurosensorial orientada hacia fuera. Esto vale sobre todo para el ojo y, en el caso del ciervo, para la cornamenta, que tras el proceso de muerte se convierte, durante algunos meses hasta su caída, en una especie de órgano sensorial táctil. El ojo se nos presenta, en su constitución gobernada casi exclusivamente por leyes físicas, como un fragmento del mundo exterior que se hunde «a modo de golfo» en el organismo.[1] La cornamenta crece como hueso de extremidad más allá de la cabeza y muere en lo formal hasta convertirse en un objeto del mundo exterior.
- ↑ Vgl. Rudolf Steiner: Von Seelenrätseln, GA 21, Kap. «6. Die physischen und die geistigen Abhängigkeiten der Menschen-Wesenheit» (6. Las dependencias físicas y espirituales del ser humano), Dornach 1983, S. 158: «In die Sinne erstreckt sich die Außenwelt wie in Golfen hinein in das Wesen des Organismus.» (En los sentidos se extiende el mundo exterior, como en golfos, hacia dentro del ser del organismo.)








