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En las citas precedentes se toca, desde la investigación espiritual, el enigma de la transubstanciación. ¿Cómo acercarse a la solución de este problema? Desde luego que no con el mismo modo de pensar con que se busca descifrar los enigmas de la naturaleza inorgánica. Las dos relaciones de calidad citadas arriba se comportan entre sí de manera polar. La del oxígeno con el nitrógeno en el aire es determinante para la respiración en el animal y en el hombre. Ambas sustancias constituyen en gran medida el elemento del aire; ambas se hallan en el aire en un estado gaseoso, anorgánico-inactivo. Rodean el brote vegetal desde afuera. Distinto es el caso con las sustancias terrestres potasio y calcio. A través de la organización vital de la planta son elevadas desde su encadenamiento en la forma física de la sustancia — el «material de trabajo» — a la esfera de la actividad viviente. Puede comprenderse así: determinadas plantas, plantas medicinales, como la milenrama, la manzanilla y la ortiga, tienen la capacidad, en virtud de su cuerpo etérico, de poner en movimiento la organización cuajada en lo físico de las sustancias potasio y calcio, liberándola de su sujeción en la forma. En su imagen fenoménica y en sus propiedades son una imagen refleja de su estado, aún colmado de vida en estadios evolutivos tempranos. Al disolverse la forma mineral en el proceso vital de estas plantas, surge naturalmente el pensamiento de que potasio y calcio se vuelven receptivos, de una manera nueva, al obrar del siguiente miembro constitutivo superior: el cuerpo etérico de estas sustancias. La realidad esencial de éste la halla el investigador espiritual en el mundo suprasensible del espíritu, que como la región más baja colinda con lo físico-sensible. Nuevos impulsos de desarrollo espiritual-anímico, que obran desde el futuro, pueden entonces capacitar a estas sustancias — dotadas de su propio cuerpo etérico — para abrirse a sus miembros constitutivos que tienen su hogar en una región espiritual aún más elevada. Las sustancias terrestres potasio y calcio se vuelven por esta vía «de índole nitrogenada», al convertirse ellas mismas en portadores de fuerzas espiritual-anímicas. Adquieren propiedades del nitrógeno, que por naturaleza es en todos los procesos vitales el portador del mundo de lo astral que revela el tipo. «El nitrógeno es en verdad el que es portador de la sensación.»[1] Él hace presentes en la naturaleza viviente, en la formación de proteínas, procesos vitales que provienen de un pasado terrestre temprano, que han recorrido estadios de desarrollo y que ahora se han convertido en la «Obra» de la creación.
- ↑ Rudolf Steiner: Geisteswissenschaftliche Grundlagen zum Gedeihen der Landwirtschaft, GA 327, Vortrag vom 11. Juni 1924, Dornach 1999, S. 74.








