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El cráneo se articula en cráneo facial y cráneo cerebral. En los animales recién nacidos, ambos constituyen todavía una forma unitaria, de contorno aproximadamente esférico, tal como la conserva el ser humano durante toda su vida. El cráneo facial se alarga luego en el breve tiempo de la juventud del animal y domina a partir de entonces la forma de la cabeza. La cabeza amenaza ser invadida allí, en cierto modo, por las fuerzas metabólicas. Este fenómeno y su dominio se presenta con especial impresionancia en los portadores de astas y de manera diferente en los bovinos. El ciervo macho, por ejemplo, realiza cada año de nuevo una imponente actividad metabólica: del cráneo cerebral brota la cornamenta, intensamente irrigada y cubierta por una piel aterciopelada. Esto ocurre en el primer semestre del año. Al comienzo del segundo semestre, el poder de las fuerzas metabólicas que irrumpen en la cabeza queda exorcizado de la cornamenta; ésta se extingue en la forma ósea que encierra un espacio interior —las ramificadas perchas— y se convierte en un poderoso órgano sensorial que palpa el entorno de calor, luz y aire. En invierno es derramada. No de otra manera, y con todo de modo polar, sucede con los apéndices cefálicos del bovino: los cuernos, que siguen creciendo año tras año y a la vez se extinguen en la envoltura córnea. A través de estos cuernos —órgano sensorial orientado hacia el interior— el poderoso acontecer metabólico que avanza sobre la organización neurosensorial es rechazado de vuelta al cuerpo por la envoltura córnea ya extinta. Así preserva el bovino, de manera diferente al ciervo, las fuerzas neurosensoriales de la cabeza del empuje amenazante de las fuerzas metabólicas.[1]
- ↑ Über die organischen Bildungen, die im höheren Tierreich dem Ausgleich eines ungleichgewichtigen Verhältnisses der polaren Systeme dienen, siehe u.a.: Friedrich A. Kipp: «Bezahnung und Bildungsidee des Organismus» (Dentición e idea formativa del organismo), in: Wolfgang Schad (Hrsg.): Goetheanistische Naturwissenschaft, Band 3: Zoologie, Stuttgart 1983, S. 167 f.; sowie Andreas Suchantke: «Polarität und Dreigliederung im Tierreich» (Polaridad y triarticulación en el reino animal), in: ders.: Metamorphose – Kunstgriff der Evolution, Stuttgart 2002, S. 137 f.








