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¿Cómo puede recorrerse con el pensamiento este proceso que se desarrolla, a lo largo del semestre de invierno, entre el lodo de plantas, la envoltura de hueso craneal y la corteza del roble, en lo terrestre? A continuación, un intento de interpretación. La pregunta es: ¿cómo se puede aprovechar la propiedad del calcio de contraer las fuerzas de lo etérico? Con demasiada frecuencia, tras un invierno y una primavera húmedos y una súbita entrada de un período cálido y rico en sol, aparecen en masa organismos extraños perjudiciales como pulgones en colonias. Son una señal de crecimiento que prolifera étéricamente. Las fuerzas cósmico-astrales son demasiado débiles para dar forma al exceso de fuerza de crecimiento. Aquí puede ayudar la fuerza contráctil del calcio —pero no el compuesto cálcico habitual, ligado al residuo ácido del ácido carbónico (CaCO3)—, sino que se necesita para ello un calcio con una «estructura» como la que está presente en la corteza del roble. Este oxalato de calcio, elevado por los procesos vitales del roble y secretado por él en la corteza, debe ser conducido, a través de los pasos de la preparación, hasta el punto en que, añadido a los abonos orgánicos, mantenga el equilibrio saludable entre el nexo vital suelo-planta y las fuerzas astrales que irradian desde los planetas infrasolares Venus, Mercurio, Luna. Esto puede alcanzarse de manera que se genere un estado de eticidad que prolifera caóticamente. En el lodo de plantas está presente este estado. Debe mantenerse de manera continua mediante el aflujo de agua de lluvia y de nieve. El agua atmosférica contiene oxígeno, que cuida de que los procesos de descomposición que transcurren anaeróbicamente no se conviertan en putrefacción. Polar a la acuosidad del lodo de plantas es la constitución del agua de lluvia y de nieve que afluye, atravesada por fuerzas cósmicas. Esta se condensa en la atmósfera invernal desde la forma gaseosa del aire a la forma de gota, o cristaliza en cristal de nieve. En ambas formas de estado el agua tiene su propio centro. A este acuden las fuerzas del macrocosmos, se concentran en la envoltura acuosa y la delimitan hacia la forma de gota o hacia el cristal de nieve. Cuando estas gotas de agua se reúnen para formar la masa acuosa homogénea en lo terrestre, entregan su propio centro al centro del punto central de la Tierra.