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En este medio de lodo de plantas caóticamente amorfo y del agua de lluvia o de nieve que fluye sobre él, se sumergen los cráneos de animales domésticos rellenos en la cavidad craneal con corteza de roble. De manera continua, las fuerzas etéricas que se van uniendo circundan el cráneo y penetran la bóveda ósea del cráneo. Esta presenta una estructura de calcio formada por las fuerzas astrales superiores de los animales domésticos que están al servicio del ser humano. Desde el corazón, que está en relación con el Sol, actúan en el animal en dirección a la cabeza las fuerzas de los planetas suprasolares, Marte y Júpiter, mientras que en la propia cabeza dominan las fuerzas formativas y estructurantes de Saturno.[1] Es decir: las fuerzas etéricas caotizadas en el lodo de plantas, llevadas a una especie de equilibrio por el agua de lluvia, se convierten en fuerzas formativas al atravesar la bóveda craneal gracias a las fuerzas astrales, menos ligadas al instinto, de los animales domésticos. El calcio de la bóveda craneal, estructurado por el cuerpo astral de los animales domésticos, recoge las fuerzas etéricas y las dota de un poder de acción constructivo y ordenador. En la corteza/borke, preparado así por el roble, el calcio se encuentra, por una parte, en tal composición sustancial que se vuelve receptivo a las corrientes etéricas del lodo de plantas, transformadas en fuerzas formativas por mediación del cráneo del animal doméstico. Por otra parte, es propio de la naturaleza del calcio concentrar y preservar esas fuerzas formativas recibidas en el nexo activo de la corteza/borke del roble.
- ↑ Rudolf Steiner: Ebd., Vortrag vom 10. Juni 1924, S. 60.








