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pronunciada para todas las plantas con flor. El cuerpo astral de la planta, que la irradia desde fuera desde el mundo de lo suprasensible, conforma en una especie de acción interior las fuerzas etéricas en perpetuo movimiento convirtiéndolas en fuerzas formativas. De acuerdo con la imagen esencial de la planta, frenan o estancan los procesos vitales, o bien los activan hacia un crecimiento vigoroso. En el cereal, por ejemplo, el tallo crece de un estancamiento del crecimiento, el nudo, al siguiente. Desde esta zona de estancamiento se desarrolla, mediante un impulso de movimiento, el siguiente entrenudo del tallo (*Internodium*) y la hoja correspondiente, que envuelve el tallo hasta el nudo siguiente como vaina foliar. A esta acción interior que se extingue en la forma rápidamente se contrapone de manera polar una acción astral exterior. Ésta se manifiesta en el elemento del aire, que es mantenido en movimiento por el calor. El componente principal del aire es el nitrógeno mineralmente muerto (79%), portador físico del obrar de las fuerzas astrales. Se puede decir que con cada soplo de aire que acaricia las hojas, cada ráfaga de viento que las balancea de un lado a otro, que hace oscilar ramas y ramajes de un lado a otro o que deja fluir un campo de centeno en «ondas plateadas trémulas»[1] — actúa un impulso de movimiento: expresión de una acción astral exterior.
- ↑ Johann Wolfgang von Goethe: *Faust II*, vers 4656.








