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Translations:Benutzer:Arian/Klett-Mini-Test/1507/es
no una relación entre el azufre y las sustancias ligadas a la tierra — potasio, calcio y hierro —, sino una relación de la sílice con el potasio. En lo viviente, al potasio le corresponde la función de vincular el cuerpo etérico con el cuerpo físico; en el polo opuesto se sitúa la sílice. A diferencia del azufre, la sílice establece una suerte de relación sensorial entre estos dos miembros constitutivos y las fuerzas cósmico-astrales que actúan desde el polo metabólico, la «individualidad agrícola». Esta particular acción recíproca del potasio desde abajo y de la sílice desde arriba se realiza, cabe suponerlo, en el jugo lechoso que recorre toda la planta. ¿No hay que ver en él — en el contexto del diente de león que se articula en su forma exterior tripartita — «al mediador [señalamos nosotros] entre la sílice distribuida de manera fina y homeopática en el cosmos y aquello que es realmente necesario como sílice a lo largo de toda la región»?[1] Aquí se plantea la misma pregunta que con respecto al nitrógeno del aire: la sílice está disponible en el suelo en abundancia — en forma sólida, coloidal y disuelta —, ¿para qué entonces traer sílice del cosmos de manera tan indirecta y además en cantidades tan pequeñas? Se trata evidentemente de dos estados polares de acción de la sílice, o más precisamente del silicio que determina su eficacia. Un estado de ser de la sílice son el cuarzo y los silicatos. Son el resultado del devenir y perecer de estados terrestres pasados. Como rocas y como producto de su meteorización, forman el armazón mineral básico de los suelos. A esta sílice ligada a la tierra está vinculada la raíz de la planta. El otro estado de acción de la sílice se manifiesta en el polo metabólico sobre la tierra, como una «sílice distribuida de manera fina y homeopática en el cosmos».[2] Se piensa enseguida en el polvo meteórico que ha entrado en la zona de atracción de la tierra. Pero este cae por sí solo hacia la tierra. Esta mineralización terrestre no puede ser lo que se tiene en mente. La afirmación de Rudolf Steiner es que «tiene que darse la acción recíproca correcta entre el potasio y la sílice en la planta, a fin de atraer lo cósmico».[3] Es un proceso activo que parte de la planta y que hay que vivificar con ayuda de un abono preparado de manera apropiada.








