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ahora en el ser humano, de manera espiritual, anímica, orgánica y también mineralizante, es una especie de, podría decirse, portador de fósforo.» «El atravesar con fósforo el organismo humano es una actividad del Yo.»[1] Así dirige el proceso del fósforo, en su forma de estado más lábil, el ácido adenosintrifosfórico (ATP), de manera predominante el metabolismo de los hidratos de carbono, los ácidos nucleares vinculados a las nucleoproteínas, el metabolismo de las proteínas, y en la forma de los fosfátidos el metabolismo de las grasas, para culminar finalmente en conexión con el calcio fosfatado (apatito) en el proceso de mineralización de la formación ósea.[2] Son en cada caso diferentes compuestos de fósforo los que impulsan la actividad de los tipos de éter en relación con los miembros constitutivos: el Yo vive en el éter de calor en relación con el fósforo; mediado por el éter de calor, se imprime, sobre la base del fosfato de sodio, en el cuerpo astral; mediante el fosfato de magnesio y el éter de luz, así como el fosfato de potasio y el éter químico, actúa en el cuerpo etérico y, sobre la base del fosfato de calcio y la eficacia del éter vital, se cuaja en la forma sólida del sistema óseo, el «reflejo físico de la organización del Yo».[3] En su relación directa con el núcleo esencial del ser espiritual, el Yo, el fósforo ayuda a superar unilateralidades en los procesos fisiológicos y a equilibrar los opuestos.
- ↑ Rudolf Steiner: Geisteswissenschaftliche Gesichtspunkte zur Therapie, GA 313, Vortrag vom 15. April 1921, Dornach 2001, S. 91.
- ↑ Friedrich Husemann, Otto Wolff: Das Bild des Menschen als Grundlage der Heilkunst, Band II: Zur allgemeinen Pathologie und Therapie, Stuttgart 1991, S. 394.
- ↑ Ebd., S. 395.








