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«El pájaro es … en su conjunto propiamente una cabeza.»[1] La imagen fenoménica de un herrerillo, un petirrojo o un reyezuelo etc. confirma esta afirmación de manera inmediata. El tracto digestivo y el pecho están acortados y aparecen como atraídos hacia el polo cefálico. La fisonomía está dominada por el pico y los ojos; pero se cierra, en forma, color y dibujo del plumaje, en la figura cefálica del pájaro como un todo. La rígida unión de los huesos del cráneo continúa con las vértebras cervicales medias articuladas en el esqueleto del tronco; las vértebras dorsales fusionadas forman con la escápula, la pelvis, las costillas y el esternón una unidad firmemente cerrada. A la inversa, la actividad principal de las extremidades se desplaza hacia las alas y más hacia adelante aún, hacia la movilidad del pico —en sacudidas picoteadoras (gallina, gorrión, etc.) o golpeadoras (pájaro carpintero)— y de la cabeza. Así se funde en la cabeza una actividad de las extremidades altamente especializada con una actividad sensorial en estado de hipervigilia. Cuando uno mira al ojo de un pájaro —sobre todo el de las aves rapaces— percibe una fuerza anímica que, como a través de un punto en reposo, aprisiona la propia mirada con un poder casi irresistible; una mirada como venida de tiempos antiquísimos. El ser anímico del pájaro se comunica con la periferia aérea en sonidos simples y también en series de tonos de rica resonancia pictórica. Brotan de la siringe (la llamada laringe inferior), impulsados por la corriente de aire en la espiración y en parte también en la inspiración. La alondra común, cuando en la temprana mañana iluminada por el sol se lanza al aire, es capaz de trinar su melodía durante tanto tiempo porque puede ejecutar los llamados microrespirones, con los que rellena permanentemente los sacos aéreos (comparable a un gaitero).[2] Lo mismo ocurre con el ruiseñor, que puede mantener su canto melódico de igual manera durante tan largo tiempo.

  1. Rudolf Steiner: Der Mensch als Zusammenklang des schaffenden, bildenden und gestaltenden Weltenwortes, GA 230, Dornach 1993, Vortrag vom 27. Oktober 1923.
  2. Siehe z.B.: Einhard Bezzel und Roland Prinzinger: Ornithologie, Stuttgart 1990, S. 269.