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se degrada a monótona monokultur[1] y en muchos lugares a zona de vertido de purín porcino, asociado a amplias molestias olfativas y emisiones con impacto climático. Sin ánimo y desfigurada yace la campiña abierta al descubierto, reflejo de lo que en términos de deshumanización padecen los animales en una estabulación vitalicia sobre solados de rejilla de hormigón. El ser humano tiene en su mano, respecto a los animales domésticos, o bien ver en ellos únicamente el mero beneficio económico, enajenándose así anímica­mente de sí mismo, o bien llevar a su despliegue los instintos que actúan desde lo anímico en beneficio de la integridad del conjunto de la granja. En el cerdo doméstico como omnívoro, estos instintos están orientados hacia un alimento extraordinariamente variado, que se selecciona con esmero según la necesidad: hierba, heno, cereales, fruta, verdura, raíces, lombrices, caracoles, plantas silvestres y medicinales, frutos silvestres, etc.[2] A fin de cuentas, el cerdo es el aprovechador ideal de los residuos en el organismo agrícola y, junto a las gallinas, un terapeuta en la eliminación de toda suerte de plagas. Con su muy desarrollado sentido del olfato, que se concentra en el disco de la jeta — la nariz como vuelta del revés, soldada al labio superior —, busca su alimento unas veces sobre la tierra, otras veces hozando bajo ella. El pastoreo estival-otoñal de los rastrojos de cereales, los campos de patata y verdura despejados o los cultivos intercalares los lleva a la campiña abierta, satisface su impulso de movimiento, su curiosidad insaciable y no pone límite alguno al amor por el hozar. Olfateando, su naturaleza de deseo se abre paso por la tierra. En el pastoreo, el trabajo de hozar puede convertirse rápidamente en un daño por lesión del tapiz vegetal. Este daño permanece dentro de límites si se dispone de superficie de pastoreo suficiente con rebrote fresco y rico en proteínas, siendo incluso posible que las leves roturas del tapiz redunden en ventaja respecto a la aireación y rejuvenecimiento de la cubierta vegetal. Además se produce la dispersión de semillas y con ello una mayor diversidad de especies.[3] En muchos lugares fracasa la ganadería extensiva en pastoreo por razones de coste o de economía del trabajo. En su lugar surgen, desde la práctica, sistemas de estabulación que, en la medida de lo posible, tienen en cuenta el desenvolvimiento de los instintos conductuales mediante un entorno variado: formación de grupos, diversidad alimentaria, residuos de cocina y de transformación, hierba cortada, restos de pienso del establo de vacas, etc., posibilidad de hozar, revolcarse, restregarse, superficie de movimiento para el ejercicio,

  1. Vgl. hierzu: Rudolf Steiner: Geisteswissenschaftliche Grundlagen zum Gedeihen der Landwirtschaft, GA 327, Vortrag vom 15. Juni 1924.
  2. Peter Steffen, Karl Schardax, Gernot Kürzel: Schweineglück, Bibel der Schweine, Graz 2008, 392 S.
  3. Ebd.