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de la cultura persa primigenia. Las razas bovinas más tempranas, así como todas las posteriores, presentan una constitución corporal más pequeña que la supuesta forma salvaje del uro y muestran desde el principio una alta variabilidad en la forma de su apariencia externa. Precisamente en el ejemplo de los animales de pastoreo —el bovino, la oveja y la cabra, los animales domésticos más antiguos después del perro— puede hacerse patente cómo la derivación a partir de sus formas salvajes permanece en la oscuridad. Si se dirige la mirada a los mitos de los pueblos, por ejemplo al sacrificio de Abel en el Antiguo Testamento —él era un pastor—, son ante todo la oveja y el bovino quienes se hallan en el centro de los actos religiosos de sacrificio. «Documentos histórico-culturales muestran que los bovinos en Mesopotamia, Egipto, Persia e India sirvieron en un principio únicamente con fines de culto.»[1] En el mito del antiguo Egipto se veneraba en el bovino, como imagen primordial, a la diosa celeste Hathor, representada como vaca que, encuadrada entre los cuernos, porta el disco solar. En la India actual, la vaca es considerada sagrada entre los hinduistas como en los tiempos primigenios. ¿No apunta esto más bien a que la vivencia espiritual-real de la esencia del bovino, de aquello que en lo suprasensible es el alma de grupo,[2] fue el padrino de su conversión en animal doméstico?








