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En el deambular paciente del pastoreo ya las había palpado, saboreado y olisqueado. Pero ahora, en el nuevo saboreo de la corriente de forraje ya predigerido, lo percibido se fusiona con todo su ser anímico. Lo que antes no era más que masa vegetal viva y estructurada, se eleva ahora, en el rumiar perceptivo, a sensación anímica. La vaca despierta en esta actividad a su conciencia, que soñando está toda entera sumergida en los procesos del cuerpo. Es la fuerza perceptiva del cuerpo anímico la que desde ahora impregna de alma el posterior acontecer digestivo hasta el producto final del estiércol y el purín. Lo que Rudolf Steiner denomina el «análisis cósmico-cualitativo»[1] que el animal realiza en la digestión, vale en el más alto grado para el bovino. En el rumiar toma comienzo este análisis. Esto se hace visible en los ojos; la mirada se transforma durante el rumiar. Mientras que en otras ocasiones uno mira dentro de los grandes ojos como en el azul de un pozo profundo, ahora, con la cabeza levemente alzada, ojos y rostro adquieren una expresión de concentración tensa. Da la impresión de que la vaca «meditara» todo aquello que en esta primera fase de la digestión ha interiorizado en forma de percepciones. Una mirada tan intensa, vuelta hacia adentro, difícilmente se encuentra en ningún otro lugar del reino animal. Es como si en la expresión de los ojos se reflejara el llegar-a-la-conciencia de las fuerzas formativas que quedan libres al desmenuzar los esqueletos de carbono y las estructuras proteicas de las masas vegetales. En el acto del rumiar, la vaca está enteramente consigo misma, cerca de una autopercepción que no puede tener, porque no tiene un Yo encarnado. Por la proximidad de su cuerpo anímico altamente concentrado a su yoidad —que se vive manifestándose como su «alma de grupo»[2] y se expresa como reflejo en el organismo del rebaño—, está habilitada en grado especial para elaborar interiormente la poderosa y ondulante masa de fuerzas formativas. En un primer paso, realiza el mencionado «análisis cósmico-cualitativo» en la descomposición del alimento vegetal, culminando en el acto del rumiar. Analiza en una oscuridad anímica las fuerzas formativas que desde el cosmos, en la luz del sol, han construido la forma vegetal, que se han cuajado en las formas individuales de esta y que al mismo tiempo se han convertido en portadoras del acontecer sustancial viviente en las plantas.

  1. Rudolf Steiner: Geisteswissenschaftliche Grundlagen zum Gedeihen der Landwirtschaft, GA 327, Vortrag vom 10. Juni 1924, Dornach 1999, Seite 59.
  2. Siehe z.B.: Rudolf Steiner: Die geistigen Wesenheiten in den Himmelskörpern und Naturreichen, GA 136, Vortrag vom 6. April 1912.