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El ser humano y la organización del Yo del organismo agrícola
La organización física, vital y anímica esbozada de una explotación agrícola está dada macrocosmicamente a través de la interacción propia del lugar entre los reinos de la naturaleza en el campo de tensión polar de Tierra y Cosmos. La tarea del ser humano es elevar esta donación, conforme a los principios que subyacen a su forma corporal y esencial microcosmics, hacia una unidad superior. Novalis condensa este hecho en las palabras: «La humanidad está en una misión; hemos sido llamados a la formación de la Tierra.»[1] El cumplimiento de esta misión es la tarea que se ha fijado la agricultura biodinámica, como ampliación de la cultura agraria cristiano-occidental mediante la ciencia espiritual antroposófica. El punto de partida de este esfuerzo es el mencionado Curso para agricultores de Rudolf Steiner del año 1924.[2] La agricultura biodinámica aspira a un desarrollo ulterior de la práctica local todavía probada en aquella época, ante todo mediante la configuración de la explotación en un todo orgánico y, más allá de ello, entre otras cosas mediante medidas específicas de abonado para el fomento de la fertilidad del suelo y de la capacidad nutritiva de los productos. Una meta adicional de aspiración es la formación de comunidades de granja que se dan a sí mismas su orden social desde las condiciones de vida y trabajo de la agricultura misma y que, irradiando hacia afuera, implantan impulsos de configuración social en el entorno de la sociedad.








