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También la solidaridad humana en el quehacer económico surge de un juicio comunitario. Allí donde en cambio impera el juicio individual, se abre paso el egoísmo; surgen la competencia, el aprovechamiento mutuo, la competencia de desplazamiento, el industrialismo agrario. El juicio comunitario en la convivencia económica nace del interés por lo que hace el otro. La actitud interrogativa «¿Dónde hay necesidad, dónde hace falta ayuda?» debe estar viva en la comunidad frente a cada individuo. Los límites entre los ámbitos de tarea —tanto dentro de la explotación como hacia las empresas asociadas de transformación y la comercialización propia de la granja— deben volverse móviles y permeables a efectos de la ayuda mutua. La actitud de buscar el fundamento de la propia actividad económica en la necesidad del otro abre al conciencia pensante un nuevo campo de experiencia, uno que hace de los afanes del prójimo su propio contenido de imagen. Por este camino surge una visión asociativa conjunta de los campos de actividad; el pensar configurador señala al querer el camino hacia el actuar asociativo, es decir, un actuar en fraternidad. En estas nuevas orillas de una economía fundada en la solidaridad humana se realizan cada vez con más frecuencia intentos de desembarco, por ejemplo en el comercio ecológico mayorista y minorista, así como en la transformación. La orilla misma, sin embargo, es el umbral entre la producción primaria agrícola y el ciclo económico marcado por la división del trabajo. En este umbral —la linde de la granja— se valora la mercancía, el valor propio objetivo de la creación originaria de valor a partir de la naturaleza viva y animada, a través de la valoración subjetiva del comerciante y del consumidor. En la economía asociativa, esta valoración de cada participante puede, gracias a la transparencia generalmente aspirada, apoyarse en hechos concretos y contemplables, que en última instancia tienen su origen en la situación de necesidad corporal y espiritual-anímica de los semejantes. Concretamente esto significa: las explotaciones biodinámicas deben abrirse a la transformación, al comercio y a los consumidores, afrontar el diálogo en todas las cuestiones de hecho y de desarrollo, buscar conjuntamente soluciones, adoptar acuerdos, cerrar contratos.[1]

  1. Véase al respecto, por ejemplo: Rudolf Isler, Ueli Hurter: Assoziatives Wirtschaften. Was verstand Rudolf Steiner unter einer wirtschaftlichen Assoziation?, Dornach 2019, 96 S.; así como: Stefan Leber (Hrsg.): Die wirtschaftlichen Assoziationen, Beiträge zur Brüderlichkeit im Wirtschaftsleben, Band 2, Stuttgart 1987, 352 S.