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El laboreo del suelo adecuado al proceso otoñal del declive natural no se dirige ya primariamente al fomento y la conservación de los procesos vitales — como el laboreo de la piel del suelo en primavera para activar la descomposición del humus, o el laboreo en mulch en verano para favorecer la formación de humus. La incorporación de un cultivo de abono verde o forrajero aporta ciertamente humus nutritivo al suelo, que sin embargo en su mayor parte solo se transforma en la primavera del ciclo anual siguiente y contribuye entonces a la dinámica del suelo. El laboreo del suelo en otoño, hablando con propiedad, no tiene en cuenta lo pasado, sino que prepara lo futuro: el proceso invernal. No es el polo metabólico, la capa de humus, lo que ahora requiere la atención, sino lo mineral de la tierra: la arcilla, el limo y la arena fina. El otoño, sobre todo el otoño tardío, permite un laboreo en profundidad o laboreo de la arcilla, una labor de otoño/invierno (Figura 13, pág. 222). Provoca una destrucción — o mejor: una caotización — de todo lo que tan maravillosamente se ha ido edificando en el transcurso del año, en riguroso orden, como vida del suelo en proceso de sazón. Esto es lo que ahora hay que caotizar — junto con los componentes minerales del suelo — en preparación para la








